Las 10 dudas que plantean los móviles plegables

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La gran tendencia de los últimos meses en el sector móvil, y de este Mobile World Congress en concreto, son las pantallas plegables. Samsung (Galaxy Fold), Huawei (Mate X) y anteriormente Royole con su Flexpai ya tienen sus propuestas a punto de llegar al mercado o directamente a la venta. Todo el mundo habla de ello y tiene curiosidad por esta tecnología.

Eso sí, posiblemente haya tanta gente deseando tenerlos en sus manos (las dos, por si acaso) como ver fracasar estos dispositivos para poder esgrimir un “te lo dije” valorado en unos 2000 euros. Y hay motivos de sobra para unirse a este club. Estos son algunos de ellos.

Pantalla sobre pantalla (y sobre pantalla una)

El concepto de teléfono plegable es tan nuevo que los fabricantes todavía no tienen claro siquiera si debería abrirse hacia dentro (es decir, como si fuese un libro, como es el caso de Samsung) o hacia fuera (como hacen Huawei y Royole).

Esta decisión no es baladí: de ella depende el número de pantallas con las que cuenta el dispositivo, como prueba el hecho de que Galaxy Fold necesite tres; las dos que forman el panel en formato tableta y la que hace las funciones de pantalla principal cuando el terminal está cerrado.

Puede parecer una tontería, pero tarde o temprano tendrá que imponerse un estándar y esto repercutirá en todo lo que rodea al ecosistema, desde las aplicaciones y el sistema operativo hasta los accesorios y el formato. Y nadie quiere comprar un Betamax o un minidisc a estas alturas de la historia.

2000 euros de plástico

Por desgracia, las leyes de la física son las que son y el cristal lo de doblarse lo lleva regular. Sí, hay avances en este sentido, pero por el momento hay una máxima y es que si una pantalla se dobla, tiene que ser como el cuerpo al que cantaba Radio Futura: de plástico fino.

Ojo, porque también se espera que tenga un tacto divino. Y probablemente quien lo toque se quede con él. Pero, como ya hemos dicho, esta cena es en un sitio caro y posiblemente no acepten la cartilla del paro. 2000 euros (1388 en el caso de Royole, la opción más económica) son muchos para gastarlos en un teléfono cuyo componente más relevante se puede rayar con una uña y viaja siempre cerca de las llaves.

Y Google ¿qué opina de esto?

Por el momento -y quién sabe si por siempre jamás- solo hay terminales plegables en el ecosistema Android, lo cual podría parecer una ventaja de cara a conseguir una estandarización. El problema es que por ahora Google no ha mostrado interés por adaptar su sistema operativo a las necesidades y características de estos dispositivos, así que depende por completo de los fabricantes hacer que saquen todo el provecho.

Samsung y Huawei ya tienen experiencia creando capas de personalización sobre Android (todos sus teléfonos y tabletas las tienen), pero al tratarse de una nueva gama de productos se pueden quedar cortos. Se abre una puerta (o, bueno, se dobla), pero no es la principal y si el buscador no pone de su parte, los usuarios no van a tener ningún interés en cruzar el umbral para ver qué hay dentro.

Apple: ni está ni se la espera

A corto plazo, Apple no se va a subir al carro de los plegables. Si la empresa entra en esta competición es porque está preparada para ganarla y para eso tiene que ser un mercado maduro. Ahora mismo sus bisagras y sus pliegues visibles son el equivalente del acné preadolescente y a los de Cupertino les gustan los productos redondos, especialmente si no son los primeros en llegar a un mercado. Si aprueba selectividad y le da la nota para estudiar Medicina, igual Apple le compra la moto.

El bolsillo (metafórico)

Ya hemos hablado del precio y no hemos sido los únicos. Cuando un teléfono cuesta lo mismo que un coche de segunda mano, una moto de primera o el equivalente en barcos (sea el que sea), es normal que se resalte que es caro. Otro aspecto que hay que resaltar es que van a seguir siendo caros.

Con el tiempo, si la tecnología se hace un hueco en el mercado, se abaratarán los costes de producción y se amortizarán los de I+D, lo que debería hacer bajar (algo) el precio. No obstante, en un momento en el que las gamas altas del sector superan los 1000 euros sin ruborizarse, no parece que esta cantidad vaya a caer, especialmente ahora que han conseguido superar la barrera psicológica del mileurismo sin morir en el intento.

Mientras sus hermanos pequeños y no plegables se permitan estos lujos, los fabricantes no van a tener necesidad de hacer que los plegables se acerquen al gran público, que todavía no es el suyo.

El bolsillo (literal)

Por un lado tenemos un aparato con bastantes más curvas y michelines de lo que se ha vuelto la norma en la industria. Por otro, una pantalla delicada que requiere cuidado y cariño. Y en medio de todo, tu bolsillo. El de la chaqueta o el frontal, porque lo último que quieres es sentarte sobre cuatro billetes de 500 euros que se autodestruirán si lo haces. O meterlo en el bolso o la mochila y que termine batiéndose el cobre con las llaves, la cartera y el estuche de las gafas, que le tiene ganas desde que le vio entrar por la puerta. Así que ya sabes: ¿llevas un Galaxy Fold o es que te alegras de verme?

¿Es que nadie va a pensar en las ‘phablets’?

Los híbridos entre tableta y teléfono (generalmente conocidos por dos nombres igual de espantosos: phablets y tabléfonos) pasaron sin pena ni gloria por el sector hace cuatro o cinco años. Resulta que, por mucho que se empeñen los fabricantes, no había público interesado en un teléfono enorme que dificulta todo a cambio de unas pulgadas de pantalla o una tableta minúscula que permite hacer llamadas a costa de perder la dignidad al acercarla al oído.

El único dispositivo que consiguió mantenerse fue el Galaxy Note y lo logró gracias a un lápiz inteligente, unos componentes de primera, un precio ajustado al mercado (aunque alto) y, sobre todo, a que encontró su sitio al presentarse como solución profesional. Pasado el furor por el adelanto tecnológico que suponen las pantallas plegables, los terminales se enmarcarían en una categoría muy parecida a la de estos híbridos, solo que 1000 euros más caros. Eso sí, no explotan (que sepamos).

La obsolescencia golpea dos veces

De avanzar, la obsolescencia afectaría muy duramente a estos productos: no solo se quedarían atrasados a nivel de componentes, como ocurre con todos los dispositivos, sino que sus mecanismos internos y pantallas -es decir, aquello que más necesitaría evolucionar- también pasarían a parecer diseñados por los Picapiedra en cuestión de meses. ¿Estarán los usuarios más fieles dispuestos a cambiar de teléfono cada año o año y medio con un producto tan caro?

Ni carcasa ni carcaso

Te gusten o las odies, las carcasas, fundas y protectores de pantalla son útiles para proteger los teléfonos de caídas y golpes. Tampoco se puede obviar la capacidad de personalización que aportan.

Por desgracia, las pantallas plegables prácticamente niegan esta posibilidad: en muchos casos ni se podrán acoplar y, cuando sea posible, no será sencillo producirlas a gran escala. Lo que nos lleva a…

¿Se rompe? Pasa por caja

Reparar el cristal de una pantalla es fácil (hay máquinas que lo hacen en cuestión de minutos) y lo pueden hacer en el servicio técnico de tu barrio. También puedes recurrir a ellos si lo que se te rompe es el panel (la parte que hay detrás), pero te dirán que es más complicado y que suele suponer la instalación de uno de peor calidad (esta parte puede que se la ahorren). Pero si lo que te has cargado es el Mate X, mejor que hables con Huawei.

Esto no sería tan problemático si no fuese por el punto anterior. La naturaleza de los dispositivos plegables los hace al mismo tiempo frágiles y difíciles de proteger con accesorios, tanto oficiales como de mercadillo. Y si se rompe (que se romperá) no quedará más remedio que acudir al servicio técnico oficial, que será más caro y difícilmente te pillará de camino para pasar al volver del súper.

Fuente: elmundo.es

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