Este catedrático de electrónica nos cuenta en qué cosas se fija al comprar un móvil nuevo

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Foto: Ignacio Mártil con una oblea de silicio en uno de los laboratorios (Antonio Villarreal)
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Ignacio Mártil con una oblea de silicio en uno de los laboratorios (Antonio Villarreal)

Ignacio Mártil acaba de publicar ‘Microelectrónica. La historia de la mayor revolución silenciosa del siglo XX’. Hablamos con él del libro y de lo que realmente importa en un teléfono móvil

En el Auditorio Nacional de Música de la calle Príncipe de Vergara de Madrid caben 2.300 personas, las mismas que transistores hubo en el microprocesador comercial, hace unos 50 años. Si los humanos nos rigiéramos por la Ley de Moore, al concierto de Orfeón Pamplonés de esta semana en el AN habrían asistido 7.400 millones de personas, es decir, toda la población del planeta.

La metáfora se le ocurrió un día a Ignacio Mártil, catedrático de Electrónica en la Universidad Complutense de Madrid, exitoso divulgador científico en Facebook (su canal tiene más de 400.000 suscriptores) y autor del recientemente publicado ‘Microelectrónica. La historia de la mayor revolución silenciosa del siglo XX‘ (Ediciones Complutense). El libro narra el desarrollo desde aquellos primeros transistores de mediados de siglo hasta los dispositivos de última generación que tenemos en el bolsillo, incidiendo en cómo la historia dio forma a todo esto. “Sin la pugna entre la URSS y los EEUU, la microelectronica no se habría desarrollado como lo ha hecho, porque las primeras aplicaciones que encontraron los circuitos integrados son militares”, dice Mártil, que invita a Teknautas a su despacho en la Facultad de Física para hablar del libro.

El tratado de microelectrónica se lee en dos tardes. Habrá quien lo vea como una ventaja o como un inconveniente.

Pregunta: ¿Lo del Auditorio Nacional para explicar la Ley de Moore se le ocurrió a usted?

Respuesta: Sí, cuando me puse a pensar cómo podría ilustrar para mis estudiantes lo que representa la Ley de Moore. En internet te pones a buscar y encuentras que los transistores ocupan lo que un virus o una bacteria, que es interesante para entender lo que son, pero cuando te pones a pensar en la cantidad de transistores que hay en unos pocos milímetros cuadrados te quedas asombrado. Entonces se me ocurrió la idea del auditorio por puro azar. Encontré que la capacidad del Auditorio Nacional era de 2.300 personas, el mismo número que los transistores del primer microprocesador que se comercializó. Empecé a mirar números de circuitos integrados modernos y lo fui desarrollando.

P: ¿Este es uno de esos libros pensados para que sus alumnos tengan que comprarlo?

R: ¡En absoluto! Está pensado para un lector que tenga interés por este asunto pero no necesariamente formación especializada. En el prólogo del libro indico que basta con saber algo de matemáticas, la anotación exponencial, y de química lo que es una fórmula, poco más. Mis estudiantes seguro que disfrutan de su lectura pero cualquiera que esté interesado también lo hará

P: Llama a la microelectrónica la mayor revolución silenciosa del siglo XX, de lo que se extrae que ha habido otras revoluciones más ruidosas que han ocultado su relevancia.

Esa es exactamente la idea, digo que es una revolución que no ha generado grandes noticias, titulares o ningún tipo de ruido. Pero cuando uno se pone a pensar como es nuestra vida cotidiana hoy y cómo era hace 20 años… hacemos las mismas cosas todos los días, pero los instrumentos de los que nos dotamos para hacerlas son completamente diferentes. ¿Es posible imaginarse hoy sin internet, teléfono móvil, navegador en el coche, etcetera? No es posible. Pues en ese sentido es una revolución, lo que pasa es que es silenciosa, claro.

P: Y más allá incluso de lo que percibimos como electrónico. Piense en la tarjeta ‘contactless’ del autobús o el metro que funcionan por NFC. Todo está integrado en una anodina tarjeta de plástico.

R: Por supuesto, Para mí el ejemplo más paradigmático de todo esto es el teléfono móvil. Lo cojo, marco nueve números y hablo con alguien que está en Moscú. Nos parece de lo más normal, pero esta forma de comunicarnos, con esta sencillez, no tiene parangón en otras épocas de la historia. Al igual que cuando uno se mete en un navegador, teclea algo y le sale tanta información que necesitaría varias vidas para leerla.

No se habla de ello, pero cuando uno se pone a pensar como es nuestra vida cotidiana hoy y cómo era hace 20 años…

P: Cuando uno piensa en la historia de la microelectrónica vienen a la mente nombres como Steve Jobs, Bill Gates o Tim Berners-Lee, ¿pero cuáles son los verdaderos olvidados a los que deberíamos tener en un altar?

R: Hay que tener en cuenta de que, a partir de un determinado momento, el desarrollo de la electrónica ya es una labor colectiva. Piense en Intel, por ejemplo, que son miles de trabajadores. Pero si pensamos en nombres específicos yo suelo pensar en cinco nombres. Por una parte, los tres padres del transistor: John Bardeen, Walter Brattain, William Shockley, por otra, los dos padres del circuito integrado: Jack Kilby y Robert Noyce. Esos cinco nombres son capitales y deberían de estar, como usted dice, a la altura de Steve Jobs y cualquiera de estos otros, sin ninguna duda. Pero aparecieron en un tiempo donde la información no fluía como lo hace ahora y se han quedado relegados al ostracismo pese a que Bardeen, por ejemplo, es el único en toda la historia que ha ganado dos Nobel de Física.

P: ¿Se ha perdido capacidad de innovación en Silicon Valley desde aquellos comienzos con Bell Labs hasta la actualidad, con todas estas empresas centradas solo en hacer aplicaciones?

R: En general muchas han pasado de hacer ‘hardware’ a hacer ‘software’, pero la innovación en la industria microelectrónica es su alma máter. Cualquier industria que haga chips y no innove está condenada a la extinción en un plazo brevísimo. La innovación que hay en este momento en la fabricación de circuitos integrados es tan asombrosa o más que hace 20 años, lo que pasa es que no tiene ninguna trascendencia. Por eso, una vez más, lo de la revolución silenciosa.

Mártil, con la oblea de silicio (A.V.)
Mártil, con la oblea de silicio (A.V.)

Mártil tiene sobre la mesa del despacho una revista que habla de nuevos chips con distintos pisos de procesadores, cada piso con una función completa. “Hoy hay chips de memoria, de procesos, sensores… con funciones distintas”, comenta. “Ahora la idea será meterlo todo en el mismo sitio, monolítico, integrado. Sería otra revolución. Silicon Valley ha derivado a otros terrenos pero sigue siendo un semillero de innovación y de ideas espectacular”.

P: Con el auge de la inteligencia artificial que vivimos, ¿las máquinas serán capaces de producir otras máquinas y la innovación en microelectrónica podría entrar en un bucle de innovación inimaginable?

R: De hecho está siendo un motivo de disputa política enorme. Seguro que ha oído la detención del CEO de Huawei en Canadá, eso está vinculado al desarrollo de la Inteligencia Artificial, de las redes 5G de telefonía y su capacidad para penetrar servicios de seguridad nacional, etcétera. En estos momentos no nos hacemos a la idea de lo que va a suponer todo esto dentro de diez años. Por ejemplo, hace poco leía que Samsung va a comercializar un teléfono, el Galaxy s10, que ya empieza a utilizar IA a nivel de usuario.

P: Registra las aplicaciones más usadas para cargarlas más rápido.

R: Eso es, en función de lo que uses regularmente el teléfono pondrá el resto en un segundo plano para que no consuman batería. Es un granito de arena en una playa que aún no hemos descubierto. Todas las empresas que se dedican a la microelectrónica trabajan para que eso se lleve a la práctica, es tecnología de una escala mucho más reducida que la que tenemos en el día de hoy.

P: Usted que es experto en el tema, ¿cree que nos cuelan mucho ‘marketing’ los fabricantes de móviles?

R: A propósito de ese teléfono de Samsung, se habla de que ese procesador está elaborado con tecnología de 7 nanómetros. En eso de los nanómetros, por ejemplo, hay mucho de publicidad. Tengo una antigua doctoranda mía que trabaja en GlobalFoundries, una de las principales fábricas de circuitos integrados del mundo, y ella dice que de los 28 nanómetros hacia abajo es todo publicidad. Pero no nos equivoquemos, las capacidades de esos procesadores son descomunales y son los que van a hacer posible la inteligencia artificial.

P: ¿Cuál es el siguiente gran anuncio en microelectrónica?

R: Sería que hemos encontrado algo capaz de sustituir al silicio. A ese anuncio le quedan… no me atrevo a decir décadas, pero desde luego unos cuantos años por delante, porque al silicio lo vienen enterrando desde hace años y ahí sigue. Se habla mucho del grafeno pero hoy por hoy sigue siendo un material del futuro, no del presente.

El catedrático, en el laboratorio (A.V)
El catedrático, en el laboratorio (A.V)

P: Usted como experto, ¿en qué cosas se fija cuando va a adquirir un ‘smartphone’ o un dispositivo similar?

R: Me fijo sobre todo en tres aspectos esenciales. Primero, facilidad de uso, algo que tiene que ver con el ‘software’. En cuanto al ‘hardware’ me baso sobre todo en la memoria, en la capacidad de almacenamiento de datos, y en la velocidad RAM del procesador. Luego ya, como experto y curioso de estos asuntos me fijo en la tecnología del procesador. Pero más que nada por curiosidad morbosa.

P: Por curiosidad, ¿qué teléfono tiene?

R: Uno chino, un Huawei Mate 9. Me costó 700 euros hace casi dos años. Hoy en día está descatalogado, sería considerado una antigualla pero aún va como un tiro.

Fuente: elconfidencial.com

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