¿Actualizar o no? Evita que tu móvil vaya a pedales tras saltar al nuevo iOS o Android

Cualquier usuario puede realizar unos pequeños pasos en cualquier ‘smartphone’ para ganar un poco de rendimiento si nota problemas cuando instala un nuevo sistema operativo.

Aparece una notificación. Ahí está, pidiendo turno, la última actualización de software para nuestro ‘smartphone’. Hay quien lo enchufa y le da zapatilla para instalarla lo antes posible, quien lo ignora -o, directamente no se entera- o quien duda de si tiene que tirarse a la piscina o no.

Uno de los mantras más extendidos viene a decir que, cuando llega una nueva versión de Android o iOS, lo mejor es ver las actualizaciones desde la barrera. Que se la instalen otros, patinen y sufran los primeros errores. Y ya cuando la marca en cuestión lo arregle con una segunda entrega, te lo instales para evitar estos contratiempos.

Desde hace unos días, Apple ha puesto en juego iOS 11. Android Oreo 8.0 fue presentado en agosto, ya empieza a asomar la pata en el mercado y próximamente irá llegando a un gran número de terminales. Obviamente si el tuyo es un móvil recién aterrizado no tienes de qué preocuparte: O viene con la última versión del sistema operativo o es una inmediatamente anterior.

Teléfonos de anteriores generaciones
El problema viene cuando nuestros móviles son más antiguos. Existe la norma no escrita que al menos los terminales deberían aguantar dos generaciones de software. Eso en Android, Apple lleva su ritmo.
Sin embargo, cuando uno lo actualiza no siempre sale todo como se promete. Nuestro teléfono empieza a notarse más ‘pesado’, no va tan fluido y las cosas no funcionan tan bien como antes, a pesar de que el fabricante de turno incluyese nuestro modelo en la hoja de ruta de actualizaciones. Lo más recomendable en esas ocasiones es una pequeña puesta a punto que nos permita ganar un poco del rendimiento perdido.

Cómo mejorar el rendimiento en iOS 11

Libera almacenamiento
Aunque suene tan distinto como el tocino y la velocidad, un iPhone que está a punto de desbordar su memoria interna puede tender a funcionar más lentamente. Primer consejo: libera almacenamiento. Lo puedes hacer eliminando archivos viejos que ya no necesitas y que todos -repito todos- guardamos en nuestro dispositivo.

En el menú ‘Almacenamiento y Uso de iCloud’ de iOS 11 tienes un nuevo administrador para borrar aplicaciones que no usas, habilitar iCloud para fotos, eliminar grandes archivos adjuntos o conversaciones de hace más de un año fácilmente.

Escoge el nuevo formato para fotos y vídeos
Una de las mejoras más comentadas en iOS 11 ha sido que los cambios en el formato de imágenes y vídeos consigue archivos más ligeros que en versiones anteriores. Asegúrate de tener activado (‘Ajustes>Cámara’) el formato de alta eficiencia para que las tomas de tu iPhone pesen menos.

Vigila que no haya actualizaciones de ‘apps’
Vigilar las aplicaciones, por lo general, es algo fundamental cuando se actualiza a una nueva entrega de iOS. Revisa si hay actualizaciones de cada una de ellas. No dudes en instalarlas, ya que muchos desarrolladores optimizan sus plataformas para el nuevo sistema en los meses anteriores a que se ponga a disposición de todos los usuarios.

Evita las descargas automáticas y actualizaciones en segundo plano:
Evita las descargas automáticas, ya que restan recursos (por no mencionar autonomía) y entorpecen el uso. Tres cuartas partes de lo mismo con las actualizaciones de contenido en segundo plano. Lo mejor es desactivarlas si vas a andar justo de rendimiento.

Desactiva animaciones y transiciones innecesarias:
Si necesitas apurar mucho más, otra cosa que puedes anular son las animaciones y transiciones que utiliza Apple para dar profundidad y dinamismo a los fondos de pantalla o al salir y entrar en las apps. Basta con que entres al menú ‘Accesibilidad’ en ‘Ajustes’ para poder hacerlo.
Si nada funciona:
Si después de hacer todo esto, sigues con problemas en tu iPhone, se cuelga y se apaga frecuentemente, lo mejor es que lo restaures y vuelvas a lo ya conocido. Para ello tienes dos opciones: haber hecho una copia de seguridad antes de actualizar o restaurar los valores de fábrica.

Cómo ganar rendimiento con Android Oreo

Con Android la cosa cambia. Mientras Apple suele publicar un listado con los terminales que serán compatibles con su nuevo sistema operativo, Google no puede hacer lo mismo. Principalmente porque esta tarea corre, en la mayor parte de las ocasiones, de mano de los fabricantes. Y estos no se cansan de prometer ser ágiles, rápidos y efectivos en las actualizaciones, algo que en muchas ocasiones no pasa de una declaración de intenciones. Aunque la situación va mejorando progresivamente, es muy complicado saber a ciencia cierta cuando tendremos las novedades en nuestro terminal.

Android, nunca mejor dicho, es un mundo. Hay marcas, las menos, que optan por instalarlo sin apenas aditivos. La mayoría incluyen capas de personalización para dar un toque único a sus terminales. Sin embargo, hay una serie de trucos comunes que también te pueden ayudar cuando llegue Android 8.0 a tu móvil y veas que todo no va como antes.

Libera almacenamiento
De la misma manera que en Apple, la gestión del almacenamiento es clave. Líbrate de todos los programas que hayas instalado en tu móvil y no utilices, así como las fotos duplicadas y viejas. Si utilizas Google Fotos, tranquilo, podrás hacer copia de todas ellas en la nube.

En Android 8.0 es sencillo ver en el menú ‘Almacenamiento’ de los ajustes del teléfono fácilmente en qué consumes la memoria. Android te ofrece un método que te sugiere automática qué borrar. Además la opción ‘Smart Storage’, te elimina automáticamente fotos y vídeos a tu gusto: en 30, 60 o 90 días.

Restaura la conexión de red
Es probable que al actualizar tu Android a una nueva versión puedas experimentar que las descargas se han ralentizado. Una solución a este problema (con el engorro que supone) es que reestablezcas la configuración de tus conexiones. Lo puedes hacer en el menú donde accedes a las redes Wifi disponibles.

Actualiza pero con ojo
Si se trata de una aplicación, en concreto, revisa que no tenga una actualización pendiente. Eso sí, lee bien las opiniones de otros usuarios en Google Play. A veces dan pistas muy certeras sobre si merece la pena o no. No sería la primera vez que las prisas de un desarrollador hacen que la actualización funcione peor que la anterior entrega.

Vigila los excesos en segundo plano
Las aplicaciones son una parte fundamental en el rendimiento de todo teléfono. Android Oreo llega con una característica que limitará automáticamente los excesos en segundo plano, ya que en muchas ocasiones exigen demasiado al procesador, empobreciendo la experiencia. Eso sí, en el caso de las ‘apps’ que no estén adaptadas a esta funcionalidad, el usuario tendrá que configurarlo manualmente. Pero recuerda: esto limitará lo que la ‘app’ puede ofrecerte (por ejemplo, notificaciones). Por supuesto, si tu teléfono flojea desactiva también las descargas automáticas.

Borra datos en caché
Es bueno que controles también los datos almacenados en ‘caché’, especialmente de aplicaciones que no usas o lo haces muy de vez en cuando. Este es uno de los mayores ‘peros’ que se le puede poner a Android 8.0: no permite eliminar la caché de manera global y hay que hacerlo uno a uno. Para hacerlo vete a la pestaña ‘Borrar caché’ en ‘Almacenamiento’.

Es algo que a veces descuidamos pero conviene borrar los datos en caché de nuestro Android
Vuelve a Android Nougat o restaura el teléfono
Si nada funciona y sigues con un rendimiento pobre, tienes dos opciones. La rápida: restaurar los valores de fábrica. Pero también es probable que tu fabricante ya te hubiese actualizado el teléfono, por lo que esto supondría volver dos escalones atrás. Es un proceso más laborioso pero también existen formas de regresar a Android Nougat 7.1.2.

Fuente: elconfidencial.com

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